Mantengo la conexión con mi ser querido

A medida que nuestro familiar va pasando por las distintas fases de la enfermedad, tendremos que ir encontrando nuevas vías de conexión, pues la forma de comunicarnos “de antes” ya no sirve. El tacto, la música, los gestos, la sonrisa, el humor, el silencio el cariño, son tan solo algunas de las muchas posibilidades que pueden surgir cuando decidimos enfocarnos en lo que “aún está” en nuestro familiar en lugar de en lo que “ya se fue”.

Los comportamientos son expresiones de las necesidades

Solemos achacar a la enfermedad comportamientos de nuestro familiar que no entendemos y que además nos incomodan. Así por ejemplo, cuando nuestra madre reacciona con agresividad al acercamos a ponerle un abrigo, solemos decir que “es el alzhéimer” la causa de esa reacción, sin pararnos a cuestionar qué necesidad no satisfecha subyace detrás de ese comportamiento. Tal vez nuestra madre esté sintiendo violado su sentido de autonomía o quizás simplemente tenga mucho calor y no ha entendido aún que va a salir a la calle.

Estoy presente en el aquí y ahora

La verdadera conexión entre personas, tengan alzhéimer o no, solamente puede ocurrir en el momento presente. Cuidar nuestro nivel de agitación mental ( Yo creo que presencia se puede entender como el aspecto. ¨Qué buena presencia¨) a la hora de acercarnos a nuestro familiar, va a determinar la calidad de esta conexión. Parar para encontrarnos con nosotros mismos (con nuestro ruido mental, con nuestras emociones y nuestras sensaciones corporales) es el primer paso para después poder encontrarnos con nuestro familiar de una manera enriquecedora.

La escucha empática y otras vías de comunicación

Cuando las palabras de nuestro familiar parecen no tener ya lógica alguna, es humano sentirnos frustrados por no poder comprender mejor qué nos están queriendo decir. La escucha activa o empática es la habilidad que nos va a permitir conectar con la persona más allá de la barrera de la enfermedad, haciendo que se sienta entendida y escuchada.

Tomo decisiones en calma

A lo largo del proceso de la enfermedad tendremos muchas decisiones que tomar, algunas muy complicadas. ¿Le digo o no que tiene Alzheimer? ¿Lo llevamos a una residencia o se queda en casa? ¿Qué residencia o centro de día elegir? ¿Qué hacer cuando deja de poder ingerir alimentos? Cada decisión importante, y muchas que parecen menores, pueden hacernos sentir un gran peso de responsabilidad y la ansiedad que provoca el querer tomar la decisión correcta en cada situación. Ahora…

¿Cómo vivo el hecho de que mi familiar tiene demencia?

Es natural caer en la trampa del miedo y dejar que éste contraiga nuestra visión, pero no debemos dejar que sea nuestro guía en la toma de decisiones. Hay tantos miedos como seres humanos: a no cumplir con lo que creo que se espera de mi , a perder mi libertad y mi estilo de vida, a ser incapaz de manejar la complejidad de la situación, a la siguiente fase de la demencia, a que a mí también me pase en el futuro,…
Y el miedo nos limita tanto que dejamos de percibir las posibilidades de experimentar disfrute y alegría , y perdemos la conexión con nuestra calma interior y nuestra sabiduría.

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Acógelo


Extracto de La luz de tu silencio

Deja de luchar y ábrete al alzheimer

¿Dónde me apoyo a la hora de tomar decisiones?

La realidad es que casi nunca existe la decisión perfecta, y el empeñarnos en encontrarla puede ser una de las maneras más directas de perder la calma y entrar en la angustia.
Por eso, una vez que has recogido la informaciónn más relevante que necesitas para tomar la decisión, te recomendamos que confíes en tu sabiduría interior, la intuición que has desarrollado gracias a los años de estar junto a tu familiar, y los valores que guían tu vida. Además, aunque a menudo lo parece, no estás solo. Confía en la conexión con tu familiar: ya verás que, aún sin palabras, vas a sentir que te guía.

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Algo ha cambiado


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Deja que te guíen

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Presencia asombrosa

¿Cómo me relaciono con otras personas de mi entorno y el de mi familiar?

Cuidar a una persona con demencia y pretender darle todo lo que necesita es una labor titánica. Necesitamos apoyarnos en otras personas.Por eso, mantener relaciones sanas, de confianza, amor y apoyo mutuo, con familiares y otros cuidadores es esencial.
Esto parece obvio pero no lo es, ya que estamos educados para “ser fuertes”, intentar hacer todo por nosotros mismos y jamás pedir ayuda.

Soy dueño de mis emociones

La experiencia de transitar por el viaje del alzhéimer como familiar de la persona que lo padece, es una de las experiencias más intensas e incluso agotadoras que la vida puede traernos. Y al igual que otras circunstancias no buscadas y no deseadas de nuestra vida, tiene también el potencial de transformarnos.

Descubro mis luces y mis sombras

Por mucho que tratemos de resistirnos, el alzhéimer nos acabará sacando de nuestra zona de comodidad. El cambio en la forma de estar y comportarse de nuestra ser querido nos empujará a buscar maneras distintas de relacionarnos con él y también con nosotros mismos. Si nos abrimos a prestar atención, la vida, a través de la demencia de nuestro familiar, nos invita a encontrarnos con aspectos de nuestro ser que tal vez no conociéramos. Esta es una invitación a conocernos mejor y por lo tanto, una oportunidad para crecer.

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Abrirnos al alzhéimer


Testimonio

La cicatriz

Atiendo mi mundo emocional

La demencia, que va a dejar intacta la capacidad de nuestro familiar para sentir emociones, tiene el poder de confrontarnos también con las nuestras. El miedo, la culpa, la ira, la tristeza o incluso la ansiedad aparecerán, a veces disfrazadas, a lo largo de las distintas etapas del viaje. Mirarlas con honestidad, no huir de ellas, nos permitirá transformarlas y transitar la experiencia de una forma más consciente y, por qué no, ligera y luminosa.

Extracto de La luz de tu silencio

Entrena tu paciencia

Disfruto la relación con mi familiar

¿Has sentido alguna vez que te has convertido en la madre de tu madre, o de tu padre? ¿O te has pillado experimentando una ternura increíble al acariciar las manos de tu familiar mientras los ojos se te humedecen?¿O riéndote como un niño mientras juegas a darle a un globo?
El Alzheimer nos obliga a cambiar a todos: cambia nuestro rol en la relación, nuestra manera de comunicarnos, incluso hace que nuestros valores y prioridades se recoloquen.. Por eso la relación con tu familiar también cambia. Y este cambio lo podemos experimentar como una pérdida, por supuesto, pero también como una oportunidad de disfrutar intensamente. ¿Qué regalos de la vida recibimos cuando nos abrimos a lo nuevo, dejándonos sorprender por una felicidad que pensábamos que ya nunca volvería a ser posible?

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Ni bueno ni malo


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Pasión compartida